¿Es la risa la mejor medicina?

La evidencia es incompleta, quizás porque todos queremos creer que una buena carcajada realmente es la mejor medicina.

Varios estudios han indicado que reírse puede reducir la producción de la hormona del estrés, cortisol, y disminuir la tensión en el corazón. Además, baja el nivel de azúcar en la sangre (lo que es bueno para los diabéticos), promueve el flujo de sangre y estimula el sistema inmunitario.

Un estudio dice que, en términos de ejercicio cardiovascular, un minuto de risa equivale a 10 minutos en una máquina de remar.

Como resultado, cada vez es más común el uso de la terapia de la risa, particularmente con niños. Se ha probado por ejemplo que la visita de un payaso antes de una cirugía es muy efectiva para reducir la ansiedad.

Margaret Stuber, catedrática de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Universidad de California UCLA, hizo experimentos en los que grupos de niños metían las manos en agua helada.

Encontró que si estaban mirando videos chistosos toleraban mejor el dolor y calificaban la experiencia como «menos desagradable». Además, tenían niveles más bajos de la hormona del estrés.

La idea de que la risa es terapéutica fue popularizada por Norman Cousins en un artículo publicado en 1976 por la revista The New England Journal of Medicine, que luego se expandió como un libro.

Cousins describe su aflicción con una enfermedad degenerativa dolorosa y potencialmente mortal (espondilitis anquilosante), que trató exitosamente con vitamina C, los Hermanos Marx y episodios de la vieja serie de televisión «Cámara escondida».

Sin risa

La palabra «agelastico» significa «sin risa», y se deriva del griego gelos (risa).

Entre los agelastos conocidos está Isaac Newton, quien supuestamente sólo se rió una vez en su vida, cuando alguien le preguntó de qué servía estudiar a Euclides.

En esa lista de poco risueños también están el líder soviético José Stalin; el autor de «Los viajes de Gulliver», Jonathan Swift; el cuatro veces primer ministro británico W.E. Gladstone; y el filósofo holandés Baruch Spinoza, de quien se dice que sólo se reía cuando observaba arañas batiéndose a muerte.

El novelista victoriano Anthony Trollope, en contraste, murió riéndose.

Cuándo reír

Robert Proine, neurobiólogo del comportamiento de la Universidad de Maryland, EE.UU., estudia los patrones de risa de femeninos y masculinos «en el mundo silvestre», haciendo safaris urbanos a centros comerciales y sindicatos estudiantiles, y ha documentado 1.200 «episodios de risa».

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